Crítica. «Nerium Park» de Josep Maria Miró, dirigido por Jorge Gonzalo con Susana Abaitua y Félix Gómez

5/03/2025

Por Luis Muñoz Díez (revistatarantula.com)

Nerium Park de Josep María Miró dirigido por Jorge Gonzalo Susana Abaitua y Félix Gómez foto javier naval

Nerium Park de Josep Maria Miró es un texto con 12 escenas, cada una correspondiente a un mes del año, y los tiempos los marca una especie de negro sin serlo, que define Jorge Gonzalo, su director. Al principio sorprende, pero pronto se admite y se agradece, porque Nerium Park es el final de una pareja, y el fracaso que conlleva nos hace decir más de lo que debemos. Me parece un acierto apuntarlo sin recrearse.

Carlos (Félix Gómez) y Marta (Susana Abaitua), que han vivido siempre en el centro, rodeados de gente por todos lados, imaginan que un lugar sin ruidos, con una zona verde y una piscina, sería un paraíso. Algo implícito que sienten merecer por haber logrado trabajar en puestos de responsabilidad.

Son pioneros en la urbanización y la tienen toda para su disfrute, pero la soledad y el silencio no son buenos compañeros cuando no son deseados. A Marta esa situación le inquieta, pero disipa su temor pensando que pronto estarán habitados los bloques, habrá bullicio en la piscina y abrirán alguna tienda y un bar.

La pareja trabaja en diferentes empresas de recursos humanos, por lo que la espada de Damocles del desempleo está presente en la obra, aunque no lleve su nombre. Ellos cooperan a diario haciendo valoraciones y balances, y es duro ver cómo una persona con nombre y apellido pierde su trabajo.

Un día ocurre lo inesperado y Carlos es despedido. Al principio trata de reincorporarse a lo que ha sido su vida, pero las repetidas entrevistas sin éxito generan en él un nulo interés en el trabajo, estableciendo una rivalidad con Marta en un juego de diferencias: «tú estás dentro y yo fuera». Al mismo tiempo, conoce a un hombre que se ha instalado como ocupa en un trastero.

La noticia despierta todas las alarmas en Marta, que había celebrado con gozo su embarazo y ahora cada día le pesa más.

Somos muy receptivos a cualquier cambio; nos desconcierta variar rutinas y sentimos pánico por lo desconocido. Si tocamos el tema laboral, comprobamos que la potestad sobre cómo nos sentimos la tiene quien nos contrata: al despojarnos del trabajo, nuestra autoestima se resiente profundamente, hasta el punto de llegar a vernos como una carga, incluso a nuestros propios ojos, convencidos de que si no producimos ni consumimos, no somos más que basura.

Estar a merced de lo que decida quien contrata disipa cualquier ilusión, y la respuesta de tener un hijo, como es el caso de la pareja, se vuelve una carga al pensar en dejar a ese niño en un mundo que se autodestruye, sin oportunidades. Pero lo realmente grave es cambiar la ilusión por la responsabilidad más sombría, por el mero hecho de haber perdido una nómina.

El desencuentro de Carlos y Marta es real porque parece que hasta que no se han visto solos, por el fracaso inmobiliario, no se han dado cuenta de que no se conocen. La soledad y el fracaso los despojan de la imagen de éxito que proyectaban, revelando facetas de sí mismos que ni siquiera ellos conocían. Esther Berzal juega con el vestuario para marcar el cambio. La primera vez que vemos a la pareja, visten de manera impecable, y Marta lo sigue haciendo a pesar de su embarazo. Carlos, en cambio, no pasa de ponerse un bañador de todo uso y una camisa sin abotonar, reflejo de su progresivo abandono.

El argumento y su desenlace es mejor que los conozcan cuando asistan a una representación de Nerium Park. Es una obra bien escrita por Josep Maria Miró que cuenta con un espacio escénico y una iluminación al servicio de la historia, firmados por Monica Boromello y Víctor Longás, subrayados con la música original de Orestes Gas. Todo en la obra contribuye a su dramaturgia.

 Jorge Gonzalo, el director, mueve a los personajes con soltura y cuenta con un espacio escénico adecuado, que permite observar a la pareja con cierta distancia, con dos puertas que facilitan dejarlos solos y una ventana imaginaria que es un punto de fuga que los desazona.

La actriz Susana Abaitua (Marta) y el actor Félix Gómez (Carlos) han de modificar constantemente su actitud, por lo que deben ser diestros en matizar y lo son. Para ello, han contado con una pareja muy atractiva, que une la calidad de su interpretación con la apariencia de una pareja guapa y de éxito.