- Octubre Producciones acerca una nueva versión a la XX edición de Olmedo Clásico
Tras su arranque este viernes con ‘El caballero de Olmedo’, Lope de Vega vuelve a subir a la palestra en el marco de la vigésima edición de Olmedo Clásico. En esta ocasión será ‘La dama boba’ la obra representada en la corrala del palacio del caballero, en una versión acometida por la compañía Octubre Producciones, dirigida por Josep Maria Mestres a partir de un libreto de Xus de la Cruz, y protagonizada por Carolina Rubio.
La intérprete justifica estos cambios incorporados aduciendo la responsabilidad por delante de una fidelidad férrea al texto escrito hace siglos: «Creo que en los escenarios y en las ficciones deben representarse personajes machistas y con esos comportamientos, pero como intérpretes también tenemos una responsabilidad», considera. «Está bien mantener el Siglo de Oro, pero también mostrar lo avanzado en determinadas fomras de ser y seguir ilustrando lo que hay que mejorar». Rubio a su vez remarca que «la ficción sigue siendo un tipo de realidad» en el que este tipo de personas existen, pero asevera que esta responsabilidad y conciencia son cambios y matices significativos, que ostentan su músculo de decisión autoral, pero que no afectan a la pieza primigenia: «El público se va a encontrar con la obra original», asegura.
Inquirida por su experiencia a la hora de encarnar a uno de los personajes más emblemáticos de su autor y de este periodo histórico, la «dama boba» Finea, considera Rubio que «hay algo de nosotros en los personajes cuando los habitamos, y se queda algo de ellos en nosotros al despedirnos». Con «absoluta libertad para investigar, probar y tomar decisiones, y muy acompañada por el director, Mestres, no encontró dificultad en empatizar con su heroína: «La entiendo, no la juzgo y me pongo a su disposición»
Un desafío interesante que encontró en el texto se escondía en el lenguaje: «El verso es un lenguaje muy cotidiano y, al mismo tiempo, muy elevado: es un triple salto mortal porque la forma de expresión es diferente», valora. «Lo escrito queda escrito, pero los seres humanos y los personajes hablan, hacen cosas, sienten, padecen y tienen problemas; por ello la clave está en habitarlos y que no se queden en un lenguaje simplemente pronunciado». Rubio considera que, dado que estas palabras ahondan en una gran belleza y profundidad, «existe el riesgo de subir al escenario a hacer poesía, pero creo que nuestro camino es otro: vivir los personajes y las situaciones, aunque su forma de expresión sea diferente»
Por ello, y asumiendo que el verso nunca es fácil ante normas, reglas y licencias que «una no se puede saltar», hay con todo un placer en la dificultad: «Hay cosas que no se descubren sin un lenguaje tan bonito y elevado, por lo que hay que dar un paso hacia ese lenguaje, desengrasando la estructura para tratar de comprender lo que se dice y descubriendo, con cada nueva lectura, cosas nuevas en textos profundos e intensos».
Desde ese debate entre si es mejor vivir de manera consciente, mostrando quién es una persona en realidad, o inconscientemente, mostrando una parte de sí misma que no dice quién es en realidad pero ostentando etiquetas impuestas, se alude a un debate hoy aún candente: «Las redes sociales nos hacen navegar aguas nuevas hoy, y en ellas a veces mostramos parte de quienes somos; y otras veces, no», teoriza. Al cuestionarnos cómo visibilizar nuestras vidas, Rubio estima que «ganaríamos mostrándonos con más vulnerabilidad, estando más expuestos a la vida y al mundo y relacionándonos desde un lugar en el que no nos olvidemos de quiénes somos»-

