‘Tres noches en Itaca’, de Alberto Conejero: “Arribar a puertos que tú antes ignorabas”

23/02/2026

Por Gordon Craig (elheraldodelhenares.com)

 

Merece la pena citar por extenso la estrofa completa del poema dedicado a Ítaca de Kostantinos Kavafis de la que hemos entresacado el verso que sirve de título a nuestro comentario: “Debes rogar que el viaje sea largo, / que sean muchos los días de verano / que te vean arribar con gozo y alegría / a puertos que tú antes ignorabas.” Y es que la pieza de Alberto Conejero que se estrena estos días en la Nave 10 del Matadero se inspira precisamente en la interpretación de la Ítaca homérica no como destino final de un viaje, sino como el valor del viaje mismo como una alegoría de la vida.

Tres noches en Ítaca. Imagen de Geraldine Leloutre

Aquí ese viaje de retorno a Ítaca no lo protagoniza Ulises, sino tres hermanas: Ariadna, Penélope y Elena, que acuden a esta inhóspita y a la vez hospitalaria isla griega a organizar el entierro de su madre, una profesora de griego de instituto, que veinte años atrás, en la plenitud de su vida, de manera repentina e inesperada abandonó sus quehaceres y a su familia para refugiarse en esta remota isla del Egeo. A lo largo de tres largas e intensas jornadas de duelo van a descubrir quién era realmente su madre, la solidez del vínculo que les mantenía unidas, aún sin saberlo, y cuán grande es el vacío de la ausencia. Y encontrarán también la ocasión de conocer los motivos que llevaron a su madre a tomar esa drástica decisión y la razón por la que eligió precisamente ese apartado lugar, la Ítaca que Odiseos Elytis caracterizara más que como un simple retorno geográfico, como “un estado del ser, una conexión pura con la luz y la naturaleza griegas”.

Ese descubrimiento tiene un profundo efecto catártico que provoca un verdadero renacer a la vida de las tres protagonistas, que las lleva a descubrir que nunca se es demasiado vieja para cambiar ( todas tenemos derecho a renacer en un cuerpo viejo”, reconoce en una ocasión Elena). El proceso, empero, es largo y doloroso; viejas heridas -fruto de la inevitable rivalidad entre hermanas-, que parecían cerradas se abren de nuevo en este reencuentro forzado por las circunstancias y el dolor aflora a la superficie con una tremenda virulencia dando lugar a momentos de intenso dramatismo.

Tres noches en Ítaca. Imagen de Geraldine Leloutre

Particularmente dramática es la transformación de Ariadna una bio-astrónoma de éxito cuya relación con la madre no había sido particularmente fluida y con la que no se hablaba prácticamente desde que esta renunció a acudir a la llamada del padre enfermo. Es la más reticente a entender la decisión de su madre y la que, de primeras, acepta con más frialdad su pérdida. Pero poco a poco otra verdad se va imponiendo en un proceso magistralmente modulado, por cierto, por una Marta Nieto en estado de gracia que transita con singular talento de la autosuficiencia e indiferencia iniciales a la asunción de su ceguera -“he enterrado a una desconocida”, se lamenta amargamente-, a abjurar de su orgullo llegando a reconocerse como “el propio monstruo del que estaba huyendo en el laberinto”. Y todavía nos resta el vibrante monólogo final del que Conejero se sirve para mostrar el profundo conflicto al que tienen que enfrentarse muchas mujeres obligadas a elegir hoy entre su carrera profesional y su vida personal y familiar. Ariadna, de nuevo, en la grada, frente a los los espectadores, compungida, trémula, con lágrimas en los ojos, voz entrecortada por la emoción plantea en términos rotundos, inapelables, su duda hamletiana en una escena verdaderamente antológica.

Tres noches en Ítaca. Imagen de Geraldine Leloutre

Sobrecoge, asimismo la confesión de parte de Elena (Cecilia Freire), dando cuenta de su tremenda vulnerabilidad y desamparo, de su profundo dolor por la ausencia de quien había sido su único apoyo; testimoniando su denodada lucha por la supervivencia arrastrando una precaria vida de actriz supeditada a la tiranía de su adicción al alcohol, mientras mantiene, pese a todo, su esperanza en el futuro. Y last but not least, para ser justos cabe destacar el magnífico trabajo de Amaia Lizarralde como Penélope, tejiendo y destejiendo la urdimbre, el entramado de afectos que mantendrá unidas a las hermanas. Una mujer comprensiva, sensata, jovial, que pese a sus coqueteos ocasionales con los “estrelleros” e intérpretes de las artes adivinatorias, posee un encomiable sentido de la realidad que no le impide, por supuesto, aprovechar la ocasión de poner a prueba sus encantos frente a un probo y solícito funcionario griego proporcionándonos alguna de las escenas más hilarantes de la pieza.

Estamos ante una sobria y evocadora puesta en escena, lo que incluye la ambientación y el espacio sonoro, y ante una afinadísima dirección de María Goiricelaya que pondera con acierto el contraste entre personajes y los cambios de tono y colorido de un texto denso en el que compiten la hondura del concepto y el profundo conocimiento de la naturaleza humana del autor, con la riqueza y variedad de registros de la expresividad. Junto al explícito homenaje a las humanidades y al mundo clásico como matriz de nuestro universo cultural y de nuestros valores éticos hay genuina emoción, que el autor dosifica con extraordinaria pericia alternándola con pasajes de comicidad desbordante y con otros de innegable vuelo poético. Todo ello merced a un eficaz manejo de la carpintería teatral y de una acertada combinación de diversos modos de elocución en un lenguaje claro y directo, a ratos poseído por la inspiración y por un alto grado de elaboración estética.

En suma, una extraordinaria muestra de buen teatro alejado del mero espectáculo, de la vacuidad, del ensimismamiento y del adoctrinamiento ideológico.

 

Ficha técnico artística

Autor: Alberto Conejero.

Con: Marta Nieto, Cecilia Freire y Amaia Lizarralde.

Diseño de escenografía: Pablo Chaves.

Diseño de vestuario: Pablo Chaves.

Diseño de iluminación: David Alcorta.

Música y espacio sonoro: Luis Miguel Cobo.

Dirección: María Goirizelaya.

Madrid. Nave 10 Matadero. Hasta el 8 de marzo de 2026