Por Mariano García (heraldo.es)
- El actor encabeza el reparto de la obra que se estrena este miércoles en el Principal, 'Testigo de cargo', el clásico de Agatha Christie.
Fernando Guillén Cuervo encabeza el cartel de la obra, que puede verse hasta el domingo en el Principal. Oliver Duch
Fernando Guillén Cuervo (Barcelona, 1963) llega al Principal de Zaragoza con la responsabilidad de encabezar el reparto de 'Testigo de cargo', obra teatral que escribió Agatha Christie en la década de los años 40 del siglo pasado. Se trata de un estreno absoluto de esta producción, que es todo un reto (en la mente de casi todo el mundo está la película de Billy Wilder, con Tyrone Power y Marlene Dietrich en los papeles protagonistas). En el Principal, con dirección de Fernando Bernués, se pondrá en escena desde este miércoles y hasta el domingo (agotadas las entradas).
Este 'Testigo de cargo' que se va a ver en Zaragoza es un estreno absoluto en España. ¿Tiene mariposas en el estómago?
Las tengo, claro que sí, es lo lógico, incluso lo sano. Lo importante es que las mariposas no se conviertan en murciélagos. Siempre, en todo estreno, hay una enorme responsabilidad. Pero conozco al público de Zaragoza, he actuado antes aquí, y he acompañado a mis padres cuando venían al Principal. Es un público muy bueno, que sabe, pero que también arropa mucho a los actores.
Es una obra con sus dificultades, un clásico, con una película de referencia... ¿Cómo la define? ¿Qué escollos ha encontrado?
Sí, es una obra que tiene sus años pero también un clásico. Y, como todos los clásicos, se basa en unos eternos. Es un 'thriller' policial que funciona muy bien hoy, aunque esté ambientado en los años 40 del pasado siglo. La actualización es bastante difícil porque, si la trasladarámos a nuestros días, habría que revisar la obra. Hoy existen técnicas, como el análisis de ADN, que no se conocían en la época en la que fue escrita. Es una obra policiaca llena de giros y sorpresas, en la que el espectador está todo el rato en tensión y que se ajusta muy bien a su frase promocional: “No ganará quien cuente la verdad, sino quien sea capaz de contar la mejor historia”. En estos tiempos en los que debatimos tanto acerca de la verdad y de las 'fake news', es más actual que nunca.
Hablaba antes de sus padres. Siempre ha dicho que su padre, Fernando Guillén, ha sido el mejor amigo que ha tenido nunca.
Mi padre fue mi mejor amigo, y creo que sigue siéndolo aún. No he tenido otro ni comparable. Seguir los pasos profesionales de tu padre, cuando éste ha sido muy famoso, es un arma de doble filo; pero yo no me puedo quejar. En la época en la que empecé a abrirme paso en la profesión sí que el apellido 'pesaba', pero también me estimuló para labrarme mi propio camino y hacer cosas que no hicieron mis padres, como estudiar Comunicación. A mi los apellidos me han dado un enorme legado de conocimiento. De mi padre destacaría su sentido de la responsabilidad, su intelectualidad sobresaliente y su grandísimo oficio. Esto último lo tenía también mi madre, que poseía además un perfil más loco e impredecible.
¿Le pesarán los apellidos a su hijo, Manuel?
Yo creo que no. Primero porque son otros tiempos, y segundo porque está muy formado. Está estudiando en la ECAM, la Escuela de Cinematografía y Audiovisual de Madrid, ha rodado su primer largometraje. Tiene mucha actividad propia y al margen de la mía. En mi familia, además, nunca hemos utilizado el apellido para nada.
¿Trabajaría con él?
Por supuesto. Confío mucho en Manuel como director; de hecho, me acompaña cuando hago cástines. Los rueda él.
Siempre ha asegurado que le gusta más dirigir que interpretar, y en los últimos meses se estaba hablando mucho de sus últimos proyectos, una película, un musical... Sorprende un poco que haya aparcado todo eso para interpretar una obra de teatro que inicia ahora su andadura.
Eso tiene fácil explicación. El teatro te ofrece de vez en cuando la posibilidad de interpretar a grandes personajes. Pero esos personajes te tienen que llegar. Yo ya tengo una cierta edad, y no sé si me llegarán ya muchos de estos grandes personajes. Surgió la posibilidad de interpretar a este y no la dejé pasar.
Usted, como su padre, ha conseguido seguir siendo galán pasados los 60 años. Pero su papel en esta obra no va por ahí.
El papel de galán lo aprendí de mi padre. Pero sí, tiene razón, el de esta obra va por otros caminos. El abogado sir Wilfrid Roberts es un hombre más 'cascado' que yo, más hiriente en sus comentarios. Yo soy una buena persona, no me salen ni la agresión verba, ni el humor duro, que lo guardo para el ámbito más privado, para cuando estoy con mi pareja, que es actriz y aragonesa, Lupe Cartié.
Sus otros proyectos, ¿los aparca?
De momento, sí. Estoy escribiendo el guión de una película que girará en torno a un inmigrante, Mohamed, al que en un momento dado hieren de gravedad y, a partir de ese momento, va recordando su vida, desde que sale de Marruecos hasta que llega a nuestra sociedad. También he escrito el guión de un musical a dos voces, que estoy dando a leer a algunos amigos para terminar de perfilarlo.
¿Cuál es el secreto de Fernando Guillén Cuervo como actor? ¿Y como director?
Un actor, cualquiera, solo tiene que conseguir ser verdad. Y cada uno intenta lograrlo siguiendo su camino, con sus propias armas. Un director de cualquier espectáculo tiene que conseguir trasmitir y extraer lo mejor de todos los que participan en el proyecto. Me gustaría pensar que yo lo consigo.


