La lengua en pedazos

Sinopsis

Juan Mayorga, Clara Sanchis y Daniel Albaladejo vuelven a reunirse para imaginar una nueva puesta en escena de La Lengua en Pedazos

Basado en El Libro de la vida de Teresa de Jesús

Juan Mayorga, Clara Sanchis y Daniel Albaladejo vuelven a reunirse para imaginar una nueva puesta en escena de La Lengua en Pedazos (Premio Nacional de Literatura Dramática 2013).

El montaje que ahora estreno de La lengua en pedazos no es una reposición del que constituyó mi primer trabajo como director en 2012. Durante estos años no he dejado de sentir la necesidad de volver a esa obra y explorar sentidos que el tiempo me ha ido revelando.

Ello se ha traducido, para empezar, en el propio texto, que ha tenido algunas transformaciones para mí importantes. Sobre todo, en lo que se refiere al desarrollo del interlocutor de Teresa, el Inquisidor, que creo ha ganado en complejidad y hondura. Si la primera puesta en escena se constituía como un juicio de Teresa por el Inquisidor, ahora puedo hablar de un combate entre enemigos íntimos. Un combate que está teniendo lugar en el siglo XVI y, al tiempo, en el XXI.

Pero acaso la diferencia más importante se halle en la concepción misma de la puesta en escena, creo que ahora más abstracta sin ser, pienso, menos emocionante. La escenografía está constituida por solo trece sillas, las de Teresa y las otras doce mujeres que, al abrir el monasterio rebelde de San José, han abierto también una crisis en la orden del Carmelo. Esas trece sillas, que constituyen un espacio poético y el recinto del combate, ofrecen muchas ocasiones de juego teatral para Clara Sanchis y Daniel Albaladejo, quienes ya eran grandes actores hace ocho años y ahora lo son enormes. La iluminación de Miguel Ángel Camacho y la música de Jesús Rueda, que nos acompañan ahora como en 2012, corresponden asimismo a la nueva propuesta poética.

Es un combate. Tiene lugar en la cocina del convento. Allí, entre pucheros, anda Dios.

La singularidad es subversiva”, dijo un poeta. Recuerdo esa frase cada vez que pienso en Teresa de Jesús.

Veo en ella una insurrecta. Un personaje a contracorriente para un tiempo en el que una mujer que escribía y elegía su camino era sospechosa -y más si escribía con inteligencia y abría su camino a otras-. Teresa es también, desde luego, un personaje a contracorriente para nuestro propio tiempo. Pero por eso mismo nos es tan fascinante: porque, al tiempo que nos atrae, nos es extraña. Se comparta o no su credo, asombra la enorme voluntad que en él se apoya.

También asombra una palabra tan raramente hermosa cuando habla de su cuerpo herido como cuando pinta ángeles o infiernos. Ganar para el teatro ese personaje y esa palabra fue mi deseo cuando comencé a imaginar La lengua en pedazos. Poco a poco, se me fue apareciendo un antagonista -y, al tiempo, un doble- en una fantasía teatral: el Inquisidor. El cual aparece en la noche no solo para interrogar a Teresa, sino también para interrogarse a sí mismo y, finalmente -quiero creerlo-, para interrogarnos.

Me acompañan de nuevo Clara Sanchis y Daniel Albaladejo. Nos hemos reunido no para reconstruir la puesta en escena que un día hicimos, sino para imaginar de nuevo a Teresa y al Inquisidor y ganar lo que sobre ellos y sobre nosotros el tiempo nos ha ido revelando. Es un combate. Tiene lugar en la cocina del convento. Allí, entre pucheros, anda Dios.

Juan Mayorga

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Ficha Artística

  • Texto y Dirección Juan Mayorga
  • Reparto Clara Sanchis y Daniel Albaladejo
  • Diseño de iluminación Miguel Ángel Camacho
  • Espacio escénico La Loca de la Casa
  • Música Jesús Rueda
  • Ayudante de dirección Viviana Porras
  • Dirección de producción Nadia Corral
  • Diseño gráfico Javier Naval
  • Fotografía Viviana Porras
  •  Distribución Fran Ávila
  • Una producción de La Loca de la Casa y Octubre Producciones
  • Con la colaboración del Instituto Cervantes y Carlos Verneuil

La crítica

Crítica de la obra ‘La lengua en pedazos’: tiempos de fe, tiempos de miedo y de esperanza

La lengua en pedazos Juan Mayorga Clara Sanchis Daniel Albaladejo

Juan Mayorga vuelve a dirigir uno de sus textos más hermosos y complejos, EL MISMO con el que el dramaturgo y académico se inició en el campo de la dirección de escena –de esto hace ya unos cuantos años-, ‘La lengua en pedazos’. Se trata de un imaginario y contundente encuentro dialéctico y vital entre Teresa de Jesús (1515-1582), y un Inquisidor que la visita en la misma cocina del convento de San José, que ella misma acaba de fundar tras haber pasado por la Encarnación.

El austero y hermosísimo montaje, de casi hora y media de duración, es una verdadera maravilla gracias a los dos intérpretes que la levantan con tanta maestría como pasión, Clara Sanchis y Daniel Albaladejo. Sus interpretaciones transitan entre la desconfianza y la pasión, entre las verdades más contundentes y los matices más inquietantes y turbadores, entre los pensamientos más profundos y las amenazas, unas veces veladas y otras directas y descarnadas del Inquisidor a Teresa. Entre ambos anda en diabólico juego -es un decir, claro-, la libertad de pensamiento y la ortodoxia religiosa más recalcitrante.

La densidad filosófica de cuanto tratan la monja y el inquisidor hacen aconsejable haber leído el texto de Mayorga antes de acudir a ver el montaje. También puede hacerse, al contrario, es decir, acercarse a su lectura posteriormente, porque ello va a enriquecer muchísimo la comprensión honda de cuanto sucede en escena.

Una escena, por cierto, poblada únicamente por doce sillas (las de las doce monjas que acompañan a Teresa en su nueva singladura humana y religiosa), que lo mismo conforman la cocina del convento, el receptorio o la biblioteca. Firma el espacio escénico La Loca de la Casa; la sutil iluminación es obra de Miguel Ángel Camacho, y la música (siempre en segundo plano, cuidando permanentemente no alterar el enfrentamiento entre los dos personajes…), Jesús Rueda.

En el texto de Mayorga la Santa de Ávila y el Inquisidor se enfrentan sin pudor ni consideración alguna para tratar hondamente de temas tan serios como Dios, la religión, el poder en la Iglesia Católica de la época de la Santa, el papel del demonio, la ética y la moral personales, el misticismo. Y, después de todo, salta a la vista que, para expresar ciertos estados de ánimo, ciertas convicciones profundas y sentidas, no siempre bastan las palabras, y menos aún si quien las escucha va con la escopeta cargada de mala voluntad y de apriorismos. Esa es justamente la barrera que la Santa tiene que romper en su interlocutor y que Sanchis y Albaladejo recrean con belleza y fuerza incontenibles. Verlos frente a frente es una verdadera delicia y reconcilia a cualquiera con el teatro.

La de Teresa y el Inquisidor son dos visiones diametralmente opuestas de Dios y la religión: una, la de Teresa, busca a Dios en lo inmediato (“Dios anda entre pucheros”), lo cotidiano, lo que nos rodea a cada uno de nosotros. La otra, la del Inquisidor, es rígida, mezquina, chata, encerrada entre los dictámenes y los cánones que pretenden encerrar a Dios en la letra de la ley y no en su traslación a la vida de quien BUSCA hacerlo presente en su día a día de forma profunda, libre y abierta.

Estamos ante una brillante recreación de un montaje que ya levantaron Mayorga, Albaladejo y Sanchis y que ahora, habiéndose desprendido de cualquier atisbo de grandilocuencia o de pretensiones, lo hacen aún más hermoso y profundo. Bellísimo. Imprescindible.

Por José Miguel Vila (diariocritico.com)

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