- Llega al Teatro Príncipe Gran Vía una comedia de terror de Jordi Galceran dirigida por Sergi Belbel, que disecciona con humor ácido los deseos y contradicciones de las parejas ante la paternidad
Posiblemente no haya en la actualidad un dramaturgo en la escena española más taquillero que Jordi Galcerán. Desde el estreno de “Dakota” en 1996, cada obra nueva ha sido avalada por el éxito, “El método Gronhölm”, “Burundanga” o “El Crédito” han convertido a Galcerán en una especie de rey de la comedia, género que domina con maestría, capaz de combinar el humor negro con la reflexión sobre algunas de las neurosis y problemas del hombre contemporáneo. “Todas sus comedias son un retrato ácido e hilarante de un aspecto concreto de nuestra sociedad”, escribe el director Sergi Belbel, que ha formado tándem con Galcerán en alguna de ellas.
Un fin de semana no tan idílico
Una pareja llega a una casa rural con la ilusión de vivir un fin de semana idílico y concebir su ansiado primer hijo. Pero nada resulta como esperaban y lo que iba a ser una escapada romántica se convierte en un auténtico infierno, los anfitriones, gente de pueblo, no son especialmente acogedores y se ven envueltos en una espiral de situaciones disparatadas, enredos, giros inesperados, sorpresas, risas y terror, que los obligará a replantearse muchas cosas dentro de la pareja. Para Valeria Ros, este es su debut en teatro, un anhelo perseguido hace tiempo.
Valeria Ros encarna a Laura, “una chica de familia de clase media que ha tenido una vida fácil, entendida como la de una familia tradicional cuyos deseos son el amor romántico, casarse y ser madre, que se ha comido el empoderamiento femenino y trabaja con su marido en una empresa familiar”.
Maternidad y paternidad
Las comedias de Galcerán siempre tienen un tema de fondo y aquí entra de lleno en la maternidad y la paternidad. “Lo que antes era una costumbre, parece que ahora es una cuestión capitalista, tiene hijos quién puede, quien tiene los recursos y, quien no los tiene, que se fastidie. Al final es un tema de lucha de clases realmente, de poder económico y lo mismo para otras fórmulas como la inseminación o la adopción”, asegura Ros. ¿Es consciente, la gente en general, de la responsabilidad que supone ser padre? “Por supuesto que no, es muy difícil tener conciencia de esa responsabilidad si no has tenido hijos, a priori parece fácil, pero no tienes un carnet para ser padre y son experiencias difíciles de enseñar”.
Por otro lado, la obra pone en tela de juicio la diferencia entre vivir en el mundo rural o en la ciudad. “Da la sensación a veces, que los urbanitas no pensamos en los de campo, pero ellos sí lo hacen en nosotros. Trabajan duro, todo les cuesta mucho y sienten que en la ciudad lo tienen todo ganado, que es más fácil vivir y cuando un urbanita va al campo es para disfrutar. En el fondo –prosigue la actriz- hay un complejo, creen que vienes a ridiculizar lo que tanto trabajo les cuesta. Como si dijeran, “estos no tienen ni idea, no saben lo que supone tantas horas de trabajo en el campo al sol, viven en su oficinita con sus redes sociales y nos vamos a una casa rural a ver si hay spa y podemos tener un hijo”. Pero lo que encuentran ellos es que la comedia coge tintes terroríficos”, explica Ros.
Los dueños, gente de campo alejada de los vicios y placeres urbanitas, los reciben de manera un tanto peculiar. “Aparece el terror, pero a pesar de ello, está llena de un humor surrealista, el miedo de no saber qué está pasando. Llegan a la casa con un romanticismo de Disney y la idea de tener un hijo y todo empieza a desmoronarse porque los caseros…”, se retrae la actriz para no destripar demasiado. Y concluye: “Creo que cuanto más dolor y más miedo, más comedia, el humor surge en el sufrimiento de los personajes y, cuanto más sufren, más comedia”.

