Por Karina Sainz Borgo (abc.es/cultura)
- Tiene razón el dramaturgo: es ese instante de hallazgo que él ofrece en sus creaciones

Una imagen de 'Tres noches en Ítaca', de Alberto Conejero, representada en Matadero Madrid ABC
Tras el desgarro de 'Leonora' y 'Laurencia', Alberto Conejero ahora nos calma. En el antiguo gesto de unción y sanación, el dramaturgo acompaña a los huérfanos y los desterrados en 'Tres noches en Ítaca', una obra que narra el viaje de tres hermanas a la isla griega, el lugar donde su madre vivió y murió. Juntas, enfrentan la ausencia, los secretos y las heridas personales -las propias y ajenas- mientras tratan de entender quién fue realmente aquella profesora de griego clásico que las abandonó a ellas y a su padre quince años atrás. La obra, según describen sus editores, «es una tragicomedia sobre el duelo, la memoria, la identidad y la posibilidad de renacer y redefinirse después de la pérdida». Leída en la deliciosa edición de Ya lo dijo Casimiro Parker y, sobre todo, vivida desde las butacas de la nave 10 de Matadero, 'Tres noches en Ítaca' acaba por ser eso y mucho más.
Cada hija padece un cataclismo: Ariadna, astrobióloga, intenta resolver lo concreto dentro y fuera de su propia vida (el reconocimiento del cadáver, el testamento, el protocolo funerario y su propia soledad); Elena, una actriz en horas bajas presa de un alcoholismo feroz se reconoce sola y vulnerable, y Penélope, que trabaja en una fábrica de telas a punto de cerrar, replantea su vida íntima. Las tres se reúnen, no al pie de una tumba, sino en el centro de una casa y frente a un mar que las mueve. A ellas y al espectador, todo eso nos envuelve.
El montaje, dirigido por María Goiricelaya, está interpretado por Marta Nieto, Cecilia Freire y Amaia Lizarralde. Ellas vacían en sus cuerpos aquello que la obra desmenuza y despelleja en sus palabras: la pérdida, el amor de los ausentes y el derecho que tiene todo ser humano a renacer en un cuerpo más viejo. «Los textos de teatro son una promesa de teatro. Son como Antígona: no pertenecen del todo al mundo de los vivos ni a los muertos», dijo Conejero. Tiene razón el dramaturgo, el teatro es eso que acontece, ese instante de hallazgo y deslumbramiento que él ofrece en todas y cada una de sus creaciones.


